
2021 NO.31
MenuTomándose un pequeño respiro a la manera japonesa
El disfrute de una casa kominka: restableciendo la mente y el cuerpo
Las casas kominka pueden encontrarse en aldeas situadas en zonas de montaña. Haciéndonos experimentar una sensación acogedora y nostálgica, estas casas tradicionales constituyen un compendio en el arte de la relajación.
Fotos: Kurihara Osamu, PIXTA
Tougenkyo-Iya Mountain Village – Fusho, una posada en una tradicional kominka situada en el punto más alto de la aldea de Ochiai, ofrece unas magníficas vistas de las montañas.
Las kominka son viviendas antiguas, construidas empleando métodos tradicionales japoneses de construcción, y no es raro encontrarse algunas que tienen más de 100 años de antigüedad. Mantenidas con cuidado y transmitidas en herencia a lo largo de varias generaciones, algunas de ellas están incluso consideradas como bienes culturales de gran valor en Japón.
Un creciente número de casas kominka están siendo restauradas y reconvertidas en cafeterías o restaurantes, quizás porque estas residencias, impregnadas de historia, transmiten una sensación de comodidad. En muchos lugares, especialmente en zonas rurales con poblaciones en constante disminución, las kominka han servido de catalizador en la promoción del turismo. Veamos, por ejemplo, las kominka que han sido convertidas en albergues en la aldea de Ochiai, situada en el valle de Iya, en la prefectura de Tokushima. Aquí, se mantiene inalterado el paisaje de esta ancestral aldea encaramada en las montañas. Las viviendas tradicionales con techos de paja hechos de Eulalia japonica u otros materiales han renacido como encantadoras posadas que gozan de una creciente popularidad como destino turístico.
Al entrar en una kominka, se penetra en un espacio en el que el tiempo se ha detenido. La luz del sol ilumina solamente el borde exterior de las habitaciones, dejando el interior sumido en las sombras. El color de los pilares, las vigas y las paredes de adobe originales es orgánico y sobrio, y el suelo de madera ha sido pulido hasta alcanzar un lustroso color negro. Estas habitaciones bien ventiladas promueven el flujo de aire fresco, y fomentan el descanso y el relax de los visitantes.
El centro de una kominka lo constituye el irori, el hogar excavado en el suelo. Una parte del suelo de madera está cortada en forma rectangular y allí, por debajo del suelo, hay cavado un hoyo que está recubierto de una mezcla de adobe y cemento, para crear un lugar en el que se puede encender un fuego con leña o carbón vegetal. En este lugar se reúne la familia, sentada alrededor del hogar, para comer y calentarse.
En el pasado, el hogar se mantenía ardiendo a lo largo de todo el año. Durante la estación lluviosa, el fuego servía para reducir la humedad, y en el verano, creaba una corriente de aire que promovía la entrada de una brisa fresca a través de las ventanas. El humo que se generaba también protegía el techo de paja, haciéndolo más impermeable y resistente a los insectos. Los japoneses de antaño realmente sabían cómo crear hogares acogedores y duraderos.
Por supuesto, las kominka ya no son solamente casas antiguas. Actualmente se encuentran bien equipadas con instalaciones eléctricas, y cuentan con cocinas modernas, baños y acondicionadores de aire. Estas posadas combinan el atractivo histórico con un grado justo de comodidades modernas para ofrecer el máximo confort. Un lugar ideal para contemplar el paisaje rural y reflexionar sobre la vida en tiempos pasados, a la vez que se saborean comidas típicas de la localidad, las kominka nos restauran silenciosamente la mente y el cuerpo.